sábado, 16 de diciembre de 2017

San Francisco Javier

Etimológicamente significa “franco, libre”. Viene de la lengua alemana. Este gigante de la misiones y patrono de las mismas con santa Teresa de Lisieux, nació en el castillo de Javier, al lado de Sangüesa y del monasterio de Leire en el año 1506. Desde joven quería sobresalir en lo que fuera bueno, loable y digno. Dios irá limando estas inquietudes y orientándolas del mejor modo. Se marchó a estudiar a la universidad más célebre de aquel tiempo, a París. Se encontró con otro santo futuro, san Ignacio de Loyola. Cuando Ignacio tuvo la inspiración de Dios de fundar la Compañía de Jesús, Javier fue uno de los primeros en seguirle. Recibió la ordenación sacerdotal, y se dedicó a predicar el Evangelio por la ciudad de Roma. El Papa le rogó a san Ignacio que enviara misioneros a la India. Javier, todo ilusionado, se puso en camino para esa inmensa nación, luego Indostán, Japón y las mismas puerta de la China. Llevaba un equipaje de lo más simple: un libro de oraciones y un corazón grande y una mente abierta a lo que Dios quisiera de su vida. Empezó su labor en Goa, India. Se llevaba a la gente de calle por su santidad, su estilo de vida y su incansable trabajo apostólico. Viajó por todas las islas para llevar la palabra de Dios y el consuelo a los enfermos y pobres. Y, a pesar de tanto ajetreo, decía:" En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión". En Japón encontró dificultades porque vestía muy pobremente. Se vistió en seguida de forma elegante porque los trapos no le importaban sino el anuncio del Evangelio a aquella gente. Cuando todo le iba bien en Japón, se marchó a China. Pero por su enfermedad y por el barco se quedó a pocos kilómetros de distancia. En plena madurez de vida pero quemado por el amor de Dios, murió en 1552 a los 46 años. Su cuerpo se mantiene incorrupto. Fue hecho santo el mismo día que Ignacio de Loyola y Teresa de Avila. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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